Allá por 1844 nace Fidel Alonso de Santocildes en Cubo de Bureba, que por aquella época superaba los quinientos treinta habitantes que como sus padres Fidel y Demetria se dedicaban en su mayoría a la labranza del cereal y a la producción de legumbres, vino, lana o buen queso.

De sus primeros diez años estudiando en la escuela de la localidad de Cubo, y luego la preparatoria en Medina de Pomar, siempre ostentó con orgullo sus virtudes castellanas. De su abuelo materno, José de Santocildes que rescató Astorga de los opresores franceses, obtuvo los genes militares, muy a pesar de un tío suyo, canónigo de la Iglesia Metropolitana de Burgos que aconsejó matricularle en el Seminario de San Jerónimo, pero la voluntad familiar se inclinó a enviarle al Colegio Militar de Infantería de Toledo donde ingresó a sus quince años. Fue su hermano José quien estudiara en el seminario.

General Santocildes Cubo de Bureba

Con los galones de alférez regresa a su pueblo Cubo de Bureba que deja pronto para incorporarse al Batallón de Antequera hasta que el 28 de marzo de 1869 desembarca en Manzanillo, puerto importante al suroeste de Cuba. Allí y a las órdenes de Martínez Campos demuestra arrojo el ya teniente Santocildes, quien asciende a capitán en 1871 y a comandante en 1878 con la Cruz Roja del Mérito Militar en ambos casos. Lidera el batallón de San Quintín llevándolo en sólo cuatro años cien veces a la victoria.
Con la paz el bizarro “cubero” se casa con Dª Dolores Miyares y Hernández de distinguida familia cubana y con quien tuvo dos hijas y un hijo, también militar a la postre. A finales de 1881 vuelve a España al mando del Regimiento de Infantería de Aragón en Tortosa frente a las primeras manifestaciones republicanas.

Regresa a Cuba como ayudante del General Fajardo, gobernador militar de la isla, hasta que asciende a Coronel con el mando de diversos regimientos que alterna como comandante militar de nuevo en Manzanillo, donde es comunicado General en 1895, año en el que cae mortalmente herido durante la batalla de Sabana de Peralejo.

Dicen que en lo más recio de la lucha y multiplicándose en todos los lugares recibió dos balazos en el pecho y desoyendo las indicaciones de sus soldados que decían: “¡Que está usted herido, mi General!, ¡Retírese que se desangra!, y él respondió impertérrito: ”No es nada hijos míos, dos arañazos”, “¡Adelante!, ¡Fuego!”. Pero una tercera bala le hizo caer del caballo y no pronunció más que sus últimas palabras: “No me abandonéis, hijos míos”.

Familia General Santocildes Cubo de Bureba

Su deseo se cumplió porque la población cubana en masa acudió a rendirle homenaje demostrando que en los veinte años de permanencia en la isla de Cuba alcanzó una popularidad que ningún otro español haya tenido.

“No heredarán de mí grandezas ni bienes de fortuna, pero les dejaré un nombre bien puesto”. (Carta del General Santocildes a su esposa pocos días antes de su gloriosa muerte).